La vida, vocación fundamental del hombre

Ultima actualización el 4 de noviembre de 2015

La vida, vocación fundamental del hombre

El don de la vida que Dios Creador y Padre ha confiado al hombre, exige que éste tome conciencia de su inestimable valor y la acoja responsablemente.

La vida, vocación fundamental del hombre

Por José Daniel Flores Alvarado

 

Las primeras palabras de la Instrucción “El don de la vida” de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del 22 de febrero de 1987, son las siguientes: El don de la vida que Dios Creador y Padre ha confiado al hombre, exige que éste tome conciencia de su inestimable valor y la acoja responsablemente.

 

A pesar de la brevedad en estas líneas encontramos una belleza y profundidad tan amplias que nos permiten reflexionar detenidamente: la primera afirmación es que la vida es un don; en otras palabras, es un regalo, es algo que hemos recibido no por méritos propios, sino que nos la ha dado alguien que tiene la capacidad y disponibilidad para ello. Si queremos dar con la verdad del origen de la vida no encontraremos otro ser más que Dios, así llegamos a la segunda afirmación: Dios Creador y Padre es dador de vida; Él ha crea al hombre con amor de padre y lo sostiene en la existencia.

 

Por otro lado, señala san Agustín con claridad en el sermón 169: “quien te creó sin ti no te salvará sin ti”; esto implica considerar un tercer punto, el cual tiene que ver con que el hombre tome conciencia del inestimable valor de vida, que a su vez trae como consecuencia el acogerla con responsabilidad. Luego entonces debe respetarse la vida desde la gestación hasta la muerte natural y cuidar de ella con toda diligencia, ya que “el hombre está llamado a una plenitud de vida que está más allá de las dimensiones de su existencia terrena, ya que consiste en la participación de la vida misma de Dios” (Juan Pablo II, Encíclica El Evangelio de la vida 2).

 

Al asumir la vida, con todo lo que implica, como la vocación fundamental, iremos poniendo los cimientos para construir la civilización del amor y erradicaremos la cultura del descarte, en la que la única vida que tiene valor es la propia y no la de los demás, incluso ni la propia.

 

 

 



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