
Dios ha querido que su Hijo Jesucristo, nuestro Salvador, viniera al mundo en el interior de un hogar conformado por la Virgen María y San José (cf. Lc 1, 26-38.2, 2-7; Mt 1, 16.18-25). Es por eso que al dirigir nuestra mirada para contemplar el nacimiento de nuestra Salvación, necesariamente hemos de contemplar cómo esa Salvación ha surgido en el seno de una familia: la familia de Jesús, María y José. Y esta contemplación llena de fe y devoción de la Sagrada Familia, hace que nuestros corazones se vuelquen, a su vez, hacia nuestra propia realidad familiar: contemplando a la familia de Jesús, María y José, sentimos como la necesidad de contemplar también a nuestra propia familia.